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ni sumisa ni devota

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Presas políticas del siglo XXI (1)

[Post editado]
Os ofrecemos este texto de apoyo a la acción de la capilla de Somosaguas del activistaJaime del Val:

(PRESAS) POLÍTICAS MOLECULARES DEL SIGLO XXI Y ESPACIOS DE EXCEPCIÓN. Los espacios de culto como lugares des-corporeizados y los medios de comunicación sacralizados

La clave de las manipulaciones que se están realizando en torno a la intervención y protesta feminista-queer que se llevó a cabo recientemente en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid tiene muchas capas superpuestas: mediática, eclesiática, partidista… y en lo legal parece girar en torno a la palabra profanación, que muchos creíamos ya fuera de lugar en un vocabulario laico. ¿Cuales son las complejas circunstancias del resurgir político de este vocablo?

Como activista y perfomer que ha realizado anteriormente protestas polémicas y experimentales que han sido objeto de instrumentalización debo en primer lugar simpatizar con las agentes de esta protesta, felicitarles por la trascendencia de los debates que ha desatado, e incitar al personal a que persista y multiplique sus esfuerzos en esta dirección, a sabiendas de las consecuencias que puede acarrear.

La protesta ha sido un éxito en tanto que ha desatado un debate sobre la laicidad de las universidades. Al mismo tiempo ha sido groseramente manipulada por los medios de comunicación, algo que no debe sorprendernos en un contexto de opinión pública que está muy distante de los discursos y prácticas políticas que se manifestaban en esta protesta.

Hay un brecha importante, que no hay que evitar, sino asumir, entre ciertas prácticas de resistencia en los márgenes y lo que un discurso de medios de comunicación de masas puede expresar en un momento dado: entre lo molecular y lo molar.

Aquí hemos experimentado el súbito desbordamiento de esa brecha, algo que ocurre raras veces, y con consecuencias siempre imprevisibles. Cuando una experimentación molecular pasa al orden de lo molar, de lo general, cuando genera una reacción explosiva que toca las fibras de los discursos que mueven un régimen mayoritario, se producen reacciones en cadena imprevisibles en todas direcciones: en los agentes moleculares, que afrontan penas de cárcel y multas; en los discursos sociales, que se ven desestabilizados por equívocos debates entre conservadores y progresistas que instrumentalizan la protesta políticamente, los unos para clamar al cielo por la barbarie de los anticlericales, los otros para demandar la laicidad: la protesta iba mucho más allá, puesto que estaba en realidad instrumentalizando la cuestión de la homofobia y otras fobias de la Iglesia para plantear problemáticas mucho más amplias, como las que tocan los discursos queer que plantean una identidad performativa que deshace las construcciones sociales universalistas.

La prensa ha insistido en denominar performance a la intervención, y, si bien usando ese término de forma harto superficial, da en el clavo, pues se trata de una acción performativa a múltiples niveles, que desestabiliza diferentes órdenes de performances sociales y políticas: desde los medios de comunicación, no habituados a irrupciones tan valientes en un territorio que en el fondo sigue siendo sagrado para muchos, hasta los partidos políticos, que no saben cómo aprovecharse de esta irrupción tan poco acorde a sus habituales actuaciones dentro de los márgenes de lo correcto.

La incorrección política del acto toca fibras profundas y de forma productiva. Hay una disonancia problemática e irreductible entre la acción performativa y las políticas molares que toca y que intentan instrumentalizarla. Pero para evitar que el debate se estanque en la instrumentalización política hay que hacer algunos esfuerzos ahora para llevar el agua a nuestro cauce.

Cuando se transgreden fronteras entre lo molecular y lo molar en políticas de género y sexualidad es preciso entender que aun los países que son punta de lanza en derechos de mujeres y de la comunidad lgtb el discurso mayoritario no pasa de la igualdad de derechos para categorías que asumen un binario masculino-femenino y heterosexual-homosexual: muchos de los planteamientos críticos y de las estrategias que algunos damos por sentado, y que pulverizan estos binomios, están en el terreno de lo impensable para el régimen mayoritario. Por ello si queremos impactar en él la tarea de traducción es ardua.

Este choque entre lo molecular y lo molar debe hacernos reflexionar sobre las problemáticas de las prácticas de resistencia que se llevan a cabo desde numerosos colectivos feministas, lgtb, queer, de trabajadores del sexo, raciales y de otros signos, cuyo discurso no es actualmente asimilable ni por los partidos políticos y medios de comunicación más progresistas. El conglomerado complejo de relaciones económicas que define las relaciones entre medios de comunicación e instituciones políticas es clave para entender la dificultad en transformar los discursos y formas de pensar que son asimilables en un momento dado por un régimen determinado.

Se trata de entender el difícil diálogo entre experimentos en los márgenes que desafían los nombres conocidos de las cosas, que piensan en el límite de lo pensable, y las maquinarias de asimilación de la tiranía de la representación y el lenguaje mayoritarios. Este diálogo es improbable y son muchas las probabilidades de que fracase o derive por caminos inesperados. Esto no debe amilanarnos: hay que ser muy persistente antes de conseguir éxitos, y por otro lado lo que hoy nos parece un fracaso puede ser visto como un éxito en otro momento. Al mismo tiempo no todo lo molecular ha de transformarse en molar.